Gambeta corta…

‘El que todo lo aplaza no dejará nada concluido’, Demócrito

La pereza es un enemigo sutil. Maestra en el arte de la distracción, nos conduce a la negligencia y al descuido. En su nombre posponemos una y otra vez decisiones y tareas necesarias, limitando el desarrollo de nuestro potencial como seres humanos y como profesionales. "Ya lo haré." "Ahora no es el mejor momento." "Mañana me pondré a ello"… ¿Cuántas veces hemos repetido estas frases a lo largo de nuestra vida? Probablemente, las suficientes para constatar que lo único que conseguimos es evadirnos momentáneamente de una realidad inevitable.
No en vano, la pereza psicológica es un eficaz -aunque transitorio- mecanismo de huída. Gran amiga del autoengaño, nos invade cuando tenemos que enfrentarnos a actividades que no nos motivan y tampoco nos generan bienestar. También entra en escena cuando no nos sentimos preparados para realizar una determinada labor y tememos fracasar en el intento. Bajo su manto nos sentimos protegidos, incluso un tanto anestesiados. Y así, tendemos a conformarnos y a acomodarnos.
Sin embargo, terminamos pagando un alto precio por bailar al son de la pereza. Cuanto más aplazamos una tarea, más nos cuesta empezarla. Al pasar los días, esta situación suele convertirse en fuente de malestar y conflictos, tanto con nosotros mismos como con las personas de nuestro entorno. Bajo la tiranía de nuestra indolencia, dejamos de ser dueños de nuestras decisiones. Y es que cuando eludimos el esfuerzo y evitamos asumir la responsabilidad de actuar, nos estamos negando la oportunidad de aprender, avanzar y evolucionar. Así, esta dejadez psicológica –sinónimo de resignación y renuncia- nos impide tomar las riendas de nuestra propia vida.
El lastre del perezoso
"La pereza no es más que el hábito de descansar antes de estar cansado", Jules Renard
Cuenta una historia que un niño fue a casa de un amigo para pasar la tarde jugando. Al llegar al jardín, se encontró con "Perezoso", un perro grande, con fuertes patas y espeso pelaje. El animal estaba sentado y no paraba de gruñir y quejarse. El niño se acercó al perro y le preguntó: "¿Qué te pasa? ¿Estás enfermo?". "No estoy enfermo", le contestó el animal, con tono desganado. Desconcertado, el niño dio media vuelta y siguió jugando.
Un rato más tarde, el niño volvió a fijar su atención en el perro. Permanecía inmóvil y seguía gruñendo y lamentándose. Tras dudar varias veces, se dirigió hacia el animal y le preguntó de nuevo: "¿Te encuentras bien? ¿Quieres que te acerquemos al veterinario?" El perro levantó la cabeza y le miró con los ojos entrecerrados y la mirada perdida. Era evidente que padecía malestar. El niño se fijó en la postura del animal: algo parecía estar fuera de lugar. Era tensa, forzada… y de pronto lo vio: el perro estaba sentado sobre un gran y oxidado clavo.
"¿Acaso no te has dado cuenta de que estás sentado sobre un clavo?", exclamó el niño, "¡Cuánto más tiempo tardes, más te dolerá la herida!" Y añadió, estupefacto: "¿Por qué no te levantas?" ‘Perezoso’ levantó su pesada cabeza con parsimonia y le contestó con sorprendente tranquilidad: "Porque no me duele tanto como para hacer el esfuerzo de levantarme".
Entrenar la proactividad
"Para crear una vida plena y con sentido, nuestros mayores enemigos son la ignorancia de no saber quiénes somos y la inconsciencia de no querer saberlo", Borja Vilaseca
La pereza, conocida como la madre de todos los vicios, nos dispersa. Nos conduce a desperdiciar el tiempo en un "no hacer" inconsciente, alejándonos del momento presente. De ahí que nos narcoticemos con series vía Internet, practiquemos zapping o naveguemos sin rumbo por la red, entre otras actividades. La indolencia inhibe nuestra capacidad de superación y nos encierra en nuestra zona de comodidad, limitando nuestras posibilidades. Sólo desaparece cuando reunimos el coraje suficiente para responsabilizarnos conscientemente de nuestra propia vida, tomando la decisión de ser más "proactivos".
Este término, acuñado por el psiquiatra austríaco Víctor Frankl, alude a aquellas personas que se enfrentan a su día a día tomando la iniciativa, mental y conductualmente. En última instancia, nuestras acciones son fruto de nuestras decisiones, no de nuestras circunstancias. De ahí la importancia de cultivar una actitud más constructiva frente a lo que nos pasa. Ésta es la esencia de la responsabilidad personal. Y es que una cosa es disfrutar del descanso y, otra bien distinta, quedarnos estancados en las distracciones. Así, trascender la pereza implica dejar de vivir "como boyas a la deriva" para comenzar a ser verdaderos protagonistas de nuestra vida.
La pereza es una hábil ladrona de tiempo, experiencias y aprendizaje. Nos hace sentir cómodos aunque estemos sentados sobre un afilado clavo. De ahí que romper con este hábito requiera honestidad, compromiso y entrenamiento. La recompensa lo merece: supone ganar en libertad y bienestar. Cuando trate de tomar de nuevo el control de nuestra vida, basta con recordarnos que la pereza no es ni eficiente ni sostenible. No nos da nada…y nos quita demasiado.
En clave de coaching
¿Qué resultados obtengo al quedarme en mi zona de comodidad?
¿Qué he conseguido cuando me he atrevido a salir de mi zona de comodidad?
¿Qué dejo de ganar cuando digo "Ya lo haré mañana"?
Libro recomendado
"El hombre en busca de sentido", de Víktor Frankl

Enviado por Marisa en colaboración a la coordinación, encontrado en el blog de La Vanguardia y a propósito de nuestro video “Hacer la Plancha”,, Gracias, Marisa.

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VIDEO DE REGALO: RESILENCIA

http://www.youtube.com/watch?v=rbWJ7yFQqag

  Aun trabajamos a puertas cerradas.

ATELIER PATAGONICO   Telefax: 54 02965 429973  Trelew

Cerrado al publico por vacaciones desde el 23 Dic. 2009.-

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