Trabajar o hacer la plancha?

 

Tobogán hacia la jubilación…

La ingeniera María Mercuri pertenece a una nueva clase de jubilados. Comenzó a trabajar desde muy joven en una empresa de aceites para autos, siempre muy a gusto. Pero cierto día sintió que ya no tenía fuerzas para continuar con su actividad, para ese entonces mucho mas extensa y con mayores responsabilidades.

Entre las muchas cosas que la abatían, una de ellas era la sensación de haber postergado muchos anhelos durante toda su juventud. Y su gran interrogante era si podría vivir sólo con sus ahorros durante el resto de su vida. Sobre todo porque, teniendo 42 años, tenía un largo camino por delante.
Carlos, su padre, tenía 64 años, y sentía una mezcla de satisfacción y envidia por el hecho de tener que dejar momentáneamente su consultorio odontológico para ayudar en algunos trámites del retiro de su hija.
Claro, no todo el mundo tiene la suerte de trabajar en una industria pujante que reparta a sus ejecutivos acciones que con el tiempo se dispararían hacia las nubes. Pero millones de personas sueñan con abandonar su trabajo y cumplir sus sueños de viajar por el mundo, pintar cuadros, escribir libros, tocar el piano e infinidad de deseos, antes de que sea demasiado tarde.
Un estudio reciente realizado en los Estados Unidos por el Consejo Nacional de la Tercera Edad, señaló que siete de cada diez empleados desearían jubilarse antes de los 65 años. Pero su gran interrogante es cuánto dinero necesitarán para poder mantener el actual nivel de vida durante los años futuros.
Antes de hacer cualquier cálculo en base a fórmulas, listas y tablas de inversión, lo ideal es hablar con alguien que haya hecho esta experiencia. Verá que la mayor parte de ellos tenía un plan para su retiro, desde las actividades que querían realizar en su tiempo libre hasta el lugar donde iban a residir, pasando el tiempo que les iban a dedicar al manejo de sus inversiones, para que estas produzcan el rendimiento adecuado.

¿Oye las agujas del reloj? Cada 7 segundos, otro “baby-boomer” (N. de la R. La gran cantidad de chicos que nació luego de la Segunda Guerra Mundial, durante el auge del Estado de Bienestar) cumple 50 años, y ya ha planeado su retiro para los próximos años. Pero esa etapa se alejará mucho del ideal de una vida de reposo y contemplación, y muy por el contrario se destinará a la realización de una amplia variedad de opciones, ya que su mayor capital es la juventud que aún poseen.
Cuando María Mercuri terminó la Universidad, aceptó un trabajo en el departamento de marketing de una pequeña empresa de aceites lubricantes. Su sueldo era bastante bajo, pero aceptó la propuesta porque creía que le daría la experiencia necesaria para entrar en empleos similares, en compañías importantes.
Pero esta pequeña empresa fue absorbida por una petrolera multinacional, y de la noche a la mañana se encontró en un cargo con una gran responsabilidad pero también con un suculento sueldo, cuya mayor parte pudo destinar al ahorro. De hecho, cuando ingresó a la empresa, eran 120 empleados –muchos de los cuales recibieron acciones por la compra de la compañía por parte de la petrolera-, pero cuando se fue, en 1999, eran 12.000. Disfrutó mucho de su crecimiento personal, y durante años anheló continuar escalando posiciones pero, paralelamente, vio subir el valor de sus acciones a precios exorbitantes. Estas eran el boleto para una nueva vida, que le permitirían cumplir todos sus demás sueños.
Lo que advirtió, es que estaba ganando mucho más dinero por sus acciones y ahorros que por su salario, y que podía vivir tranquilamente de la renta que ellas le dejaban. Así, contrató a un agente para que le maneje parte del capital acumulado, incrementando la renta y no descapitalizándose al usarla. En diciembre de 1999, al ver que el sistema funcionaba, tomó la decisión de dejar su puesto de trabajo, e inmediatamente comenzó un master en Historia del Arte, algo que siempre había postergado.

“Quiero administrar bien ese dinero, pero tampoco quiero dedicarle la mayor parte de mi vida”, sostiene en la actualidad Mercuri, que además define a ese capital como “la llave que me da la posibilidad de cumplir mis sueños, dejando atrás el esfuerzo y comenzando a sentir el placer de la realización personal”.
Pero además, María invirtió parte de sus ahorros en una nueva compañía de aceites lubricantes, ya que su experiencia le ha posibilitado evaluar las condiciones y potencialidades de este tipo de empresas. “A pesar de que poseo el treinta por ciento de las acciones, hasta el momento no he intervenido en la dirección de la empresa, porque confío en la gente que la está llevando adelante, y solo volvería a trabajar si veo que la empresa no está tomando el rumbo correcto”.
Mas allá de esto, María no está pensando en un futuro a largo plazo de esta inversión “En realidad, luego de casi veinte años de sacrificio, me he hecho la promesa de ocuparme sólo de las cosas que a mi me interesan, por lo que cuando las acciones lleguen a valer una cifra interesante, planeo venderlas todas”. Además, María está escribiendo un libro sobre marketing industrial, pasa gran parte de su tiempo activando en asociaciones de Derechos Humanos, y ha comenzado a estudiar el profesorado de Yoga.
María tuvo mucha suerte al tener acciones que le brindaron un capital para financiar su retiro. Pero poco hubiese hecho con ese dinero si no lo hubiese invertido correctamente. Mucha gente dejó de capitalizarse y comenzó a gastar lo acumulado, por lo que debió regresar a trabajar, aún cuando creía que jamás lo haría. Si ella se hubiera manejado de esta manera, su retiro sería ilusorio, y no hubiera durado más de dos o tres años.
Pero lejos de utilizar su dinero para financiar sus gastos, lo destinó a inversiones de las que conocía el negocio, como la pequeña y pujante empresa aceitera, y supo dirigirse hacia un buen agente de bolsa para invertir el resto.
María sostiene, por sobre toda las cosas, que ella no es parte de la gente dedicada a trabajar en el sistema financiero. “Mis inversiones no son para maximizar el capital, sino solo para mantenerlo sin descapitalizarme, mientras cumplo los sueños que postergué durante toda mi vida, algo que mis padres jamás pudieron cumplir”.

EnPlenitud.com – Cómo ser un joven jubilado

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